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lunes, 22 de julio de 2019

Hermanas de la Caridad Cardenal Sancha demanda que se denuncien los actos de corrupción

La Congregación Hermanas de la Caridad Cardenal Sancha, primera femenina en llegar al país, celebrará este 5 de agosto 150 años de servicios a favor de las parroquias, los ancianos, huérfanos y la educación.

Las religiosas trabajan a favor del ser humano, particularmente, el más pobre, más necesitado, los desamparados, aunque también, como la caridad no es excluyente, atienden a jóvenes en centros educativos, públicos y privados.

Sor Carmen Dolores Ferrer, Superior General de la congregación, y sor Agripina hablan sobre la labor que hacen atendiendo hospicios y casas de ancianos, así como centros educativos, entre otras labores parroquiales.

Las Sanchinas llegaron al país provenientes de Cuba, hace 148 años, tres años después de ser fundada por el sacerdote Ciriaco María Sancha, en un momento de guerra, cuando en esa nación había mucha hambre, orfandad y ancianos deambulando por las calles.

En el proceso, las necesidades van surgiendo a lo largo de la historia y ahora trabajan también en las catequesis, las parroquias y en la educación.

En este momento sienten que deben hacer una relectura de lo que es su carisma, volver a ver que les pidió el Espíritu Santo cuando nacieron como religiosas y qué les está pidiendo en este momento, porque hoy día hay nuevas pobrezas.

“En aquellos tiempos estaban los ancianos, los huérfanos, ahora puede ser que haya otros reclamos, puede ser que nos pidan trabajar con los inmigrantes, refugiados, drogadictos, mujeres maltratadas....”, dijo Sor Carmen.

“El Señor nos pide que ampliemos nuestro abanico de responsabilidades, porque si tenemos que hacer una relectura son 150 años y tenemos que volver a revisar que le pidió el Espíritu Santo a nuestro padre (Sancha) en ese momento, y que nos está pidiendo en estos momentos, a través de las nuevas pobrezas que nos van surgiendo y eso es un reto muy grande”, expresó la monja.

La superior de las Sanchinas asegura que siempre que haya un ser humano necesitado de sus servicios buscan la manera de responderle.

Es parte de sus labores, por eso, a través de las escuelas, les llegan padres de estudiantes y la comunidad secundante en busca de ayuda, incluso médica, porque tienen dispensarios médicos en los politécnicos que dirigen, tienen bibliotecas y canchas abiertas, para que los jóvenes de los sectores donde están sus comunidades puedan ir a estudiar y a practicar deportes.

Los hogares de ancianos están ahí y la gente va y colabora y autoridades del gobierno y es que la congregación tiene bajo su responsabilidad varios centros educativos, públicos y privados, así como cuatro hogares de ancianos, ubicados en distintas zonas del país.

Las religiosas viven en los barrios, trabajan con los jóvenes, buscando “salvarlos” de los antivalores de la sociedad, en los hogares de ancianos curando llagas y en los planteles educativos, construyendo personas organizadas, disciplinadas, para que puedan salir de su pobreza.

La creencia en Dios está muy fría

Sor Carmen percibe un enfriamiento hacia Dios y lo atribuye a los antivalores de la sociedad que están vigentes, porque la gente quiere riqueza, poder, prestigio, honores, placeres.

“Lo primero es que hemos querido sacar a Dios de las familias, como Dios nos molesta, los valores nos molestan y hemos querido sacarlo de nuestras vidas”, comentó la religiosa.

De ahí que predican a los jóvenes, a las familias que vuelvan a Dios, a verlo como el acompañante que necesitan para construir un mundo justo, fraterno y solidario.

Entiende que se debe trabajar para que las cosas se hagan bien, que el religioso debe ser profeta, denunciar lo que no está bien, decir que hay unos pocos que se están quedando con las riquezas del país, mientras se sigue manteniendo amplios márgenes de pobreza.

“Tenemos que luchar porque la riqueza se reparta en igualdad, que el bienestar le llegue al que no tiene, que haya una educación de calidad, que sea igual en las escuelas públicas y en los colegios privados”, apuntó.

En ese orden, indicó que el gobierno les ayuda mucho, que ahora con el 4% del Producto Interno Bruto (PIB), las escuelas públicas están siendo bien atendidas, pero que los hogares de ancianos y las parroquias, sí necesitan ayuda económica. En el caso de las parroquias, dice sor Agripina, que como trabajan con formación humana, que incluye manualidades, necesitan materiales para ayudar a las participantes.

En los asilos, los pañales desechables son muy importantes, también necesitan que les ayuden con el pago del personal, pues el gobierno le paga cuatro o cinco de 25 personas que laboran en éstos, el resto del personal lo asume el patronato o la congregación.

En el de Higüey les falta enfermeras, al igual que en La Romana, necesitan que les ayuden con el pago del personal.

En Santo Domingo tienen una casa de hermanas (religiosas) con los que suman cinco los hogares. Son monjas que dieron la vida y ahora necesitan de ayuda de la congregación, pero demanda muchísimo, porque ahí están las ancianas y enfermas.

Política de género

Su desempeño como educadora y directora por más de 10 años hace que sor Carmen hable con propiedad. Asegura que la vida religiosa ha luchado siempre por la equidad e igualdad de género, que se les respete a las mujeres y se les dé el lugar que le corresponde en la sociedad en igualdad de condiciones como al varón.

Señala que las mujeres no tendrán la fuerza del varón, pero tienen la inteligencia y las capacidades iguales a las que pueden tener los hombres.

“Otra cosa es la ideología de género. Aunque, como religiosa respeto al ser humano que ha nacido con una orientación sexual homo, no quiere decir que esté de acuerdo a que se enseñe en las escuelas, porque eso no es natural”, opina la monja.

Recuerda que tuvo estudiantes lesbianas y homosexuales que se graduaron y que lo mismo que le exigió a los heterosexuales de que tuvieran comportamiento leal, que no fueran promiscuos y que fueran honestos, los demandó de ellos.

Respeta eso, pero otra cosa es que a nivel educativo lo fomente, porque eso no es natural, para ella Dios los hizo varón y hembra, si nacen con otra orientación, lo que se debe es ayudar a convivir con eso en la sociedad y respetarlo, incluso, si estuviera el matrimonio gay, lo respeta, pero no lo puede aceptar.

Es cuestión de respetar una decisión humana, de que el hombre es libre, pero a nivel educativo, no puede enseñarle a un niño desde los tres año que va a elegir el sexo que quiera.

Sobre el hecho de que hay personas que cuestionan a los católicos cuando emiten esos juicios, porque ni los padres ni las religiosas se casan, sor Carmen responde que eso es una opción evangélica, porque esa fue la decisión de Jesús. Es lo que define como una opción de vida.

Explica que el Evangelio de Mateo, en uno de sus capítulos dice que hay un eunuco, que es uno que no se casa y no ejerce su genitalidad, unas veces, porque los castraban, y otros que se hacen por el reino de los cielos y eso son las monjas.

“Es una opción por un bien mayor, renuncia al ejercicio de la genitalidad, a no tener hijos biológicos, pero sí de corazón, o sea, que nosotras renunciamos, por algo más sublime, pero no porque despreciemos el matrimonio, al contrario, el matrimonio es un sacramento, la vida religiosa no, es un llamado, es una opción y nos comprometemos por votos”, aclara la religiosa.

“A veces no hemos sido muy creídos, entonces, la imagen de Dios se desfigura, pero siempre está la promesa del Señor, siempre han sido muchos los llamados y pocos los escogidos. Eso sigue ahora más real que nunca”.

Sor Carmen

Superior General de las Sanchinas



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