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jueves, 26 de marzo de 2020

La pandemia del coronavirus: entre la economía y la cuarentena

En la noche del 25 de marzo, el Gobierno dominicano dio un paso agigantado en contra de los efectos locales de la pandemia global del COVID-19.

Pero las medidas pueden ser insuficientes si el virus, que ha sometido a un planeta entero, se cuela entre los entresijos de una distancia social imperfecta y entre los canales productivos y sus cadenas de suministros de los que dependen todas las economías nacionales y las necesidades básicas de las personas.

Parece un hecho que mientras más tiempo pase antes de su erradicación total, más costosas serán las consecuencias desde el punto de vista humano y desde sus efectos económicos, que empuja al mundo hacia el abismo de una recesión económica tal vez sin paragón.

No es exageración. Kristalina Georgieva, directora gerente del Fondo Monetario Internacional, declaró el 23 de marzo pasado, que en 2020 se prevé como mínimo “una recesión tan aguda como durante la crisis financiera mundial o peor”.

Aunque confía en una recuperación en 2021, no es necesario ser un experto en economía para concluir que esa recuperación depende del control del COVID-19, lo cual igual depende de la creación de la vacuna, o de que los países del mundo impongan cuarentenas totales por más de 14 días, en forma de toques de quedas, para romper las cadenas de contagios.

Porque ante la falta de una vacuna, la solución temporal es la de mantener “la distancia social”, además de las constante medidas de higienes.

El 20 de marzo pasado, el presidente Danilo Medina, emitió el decreto 135-20, que decreta una cuarentena parcial hasta el viernes 3 de abril, consistente en un toque de queda parcial, en el que prohíbe el tránsito y la circulación de personas desde las 8 de la noche hasta las 6 de la mañana.

Tres días después, el 23 de marzo, se ve precisado a excluir de esa prohibición a los vehículos que transportan mercancías, insumos y combustibles; a los vehículos de las instituciones y empresas que prestan el servicio de energía, agua, telecomunicaciones y recogidas de desechos sólidos, “para atender exclusivamente situaciones de emergencia”.

Asimismo, a las personas que laboran en puertos y aeropuertos, y a las que laboren en las industrias y el comercio de alimentos, productos farmacéuticos e insumos médicos.

Es la economía.

Esta flexibilización expone el dilema que ha impedido a muchos países imponer una cuarentena y toque de queda total, que se estima que debe durar más de 14 días, como forma de extinguir la presencia del COVI-19 en una economía nacional o país.

El tema es considerado en muchas partes del mundo como una medida extrema, pero tal vez pueda llegar a ser la única disponible.

Hace unos días esa cuarentena total fue propuesta por Luis Abinader, el principal candidato opositor en las elecciones presidenciales que aún están pautadas para el 17 de mayo próximo. El candidato presidencial del Partido Revolucionario Moderno (PRM) propuso “medidas de prevención más estrictas en materia de salud para lograr romper la cadena de contagio”, y para eso considera necesario que “el aislamiento social dispuesto de manera parcial por las autoridades abarque las veinticuatro horas del día”.

Sería una medida drástica, pero las consecuencias de no hacerlo pueden ser más drásticas.

El economista Miguel Ceara Hatton, secretario nacional de Políticas Públicas del PRM, en favor de la cuarentena total, opina: “Indudablemente debe dársele prioridad a la calidad de vida de la gente. Después habrá que afrontar el problema de la economía”.

Destaca que “según los médicos y epidemiólogos,” mientras más intensa es la medida para enfrentar el coronavirus, menos tiempos vas a requerir.

Entonces, concluye que si esas medidas son “laxas”, mayor será el impacto que en la economía va a tener.

Así, a partir de las recomendaciones de los médicos y epidemiólogos, propone un periodo de 15 días “de medidas extremas” que pueda ayudar a resolver el problema o reducirlo a su mínima expresión.

Y en lo que tiene que ver con las tomas de decisiones, el tiempo apremia, como resultado del comportamiento del COVID-19, al que se le observa en su contagio un comportamiento exponencial.

Ese comportamiento consiste en un crecimiento cada vez más rápido con relación al tiempo. O sea, mientras más contagia, mucho más contagia, y a una velocidad cada vez más rápida.

En concreto, la presencia del virus en República Dominicana se confirmó el 29 de febrero, con un caso. Pasaron cinco días con ese solo caso confirmado. Pero el cinco de marzo se confirmaron dos casos, y luego, el 11 de marzo, los casos confirmados pasaron a ser 11. En tres días más suben a 21, y en dos más a 34. Y luego, el 19 de marzo se amanece con 72.

El contagio continuó creciendo, y el 24 marzo ya existían 392.

Y este 26 de marzo, en el mapa de Johns Hopkins University (JHU), República Dominicana aparece con 488 casos “confirmados” y con 10 muertes.

Ceara Hatton observa que si por el cierre de turismo y las zonas francas, y considerando el multiplicador del PIB, son afectados un millón de personas, éstas pueden ser socorridas por el Gobierno, mediante transferencias de 10 mil pesos por familia, lo que equivale a 20 mil millones de pesos en un mes.

Pero esto no incluye al sector informal, lo que deben ser identificados mediante el Sistema Único de Beneficiarios (SIUBEN).

Pero ya ha cerrado el turismo, las zonas francas, dos actividades de alta generación de empleos y de divisas.

En la noche de este miércoles, el presidente Danilo Medina anunció la extensión en tres horas del horario del toque de queda, para que sea desde la 5:00 de la tarde hasta las 6 :00 mañana, una duración de 13 horas. Antes era de 8:00 PM a 6.00 AM.

El presidente Medina también anunció el financiamiento público de las pruebas para la confirmación del coronavirus para todas las personas con prescripción médicas, y con 59 años o más. Además, para los estudiantes, anunció la entrega de 1.3 millones de raciones de alimentos, suficiente para una semana de alimentación por hijo. Asimismo, anunció que 811,000 familias que tienen tarjetas de solidaridad por la que reciben 1,500 pesos al mes, desde el primero de abril y durante dos meses, recibirán 5,000 pesos.

También dispuso, que a través del SIUBEN, se identificarán a otras 690 mil familias calificadas como pobres y vulnerables, para que reciban ese mismo apoyo financiero y temporal.

Esto permitirá, según el presidente Medina, que la tarjeta Solidaridad llegue a 1.5 millones de hogares, que recibirán 5,000 pesos al mes a cada uno de ellos, desde el 1 de abril y hasta el 31 de mayo.

La medida tiene un nombre muy sugerente por el contexto. Le llama “Quédate en Casa”.

Y a los hogares “cuyos jefes sean especialmente vulnerables al coronavirus”, se le agregaran RD$ 2,000 adicionales. No es poco cosa, considerando que se estiman en 350 mil hogares. Igual, la idea, con un tono más alto: ¡Quédate en Casa!

Para facilitar la aplicación de esas medidas, también se dispuso adherir 2,000 nuevos comercios a la Red de Abastecimiento Social, con lo que se busca evitar cualquier escasez de productos y dar respuesta efectiva al aumento en la demanda.

Se le pregunta al economista Pavel Isa Contreras, profesor e investigador de la Universidad INTEC, ¿qué le parece el discurso del presidente Danilo Medina? Responde: “me pareció muy bien, creo que va en la dirección correcta. Cubre los segmentos de población muy vulnerables, a los más pobres y al mismo tiempo, a los que tienen un trabajo formal”.

Destaca que, con esas medidas, ese segmento de la población eleva su capacidad de consumo, y contribuye a crear cierto nivel de actividad económica.

“Creo que el presidente se movió en la dirección en que tenia que moverse, preservando los empleos".

Pero es posible concluir que todo depende de que se detenga el virus. O sea, que se “aplane” la curva de contagio. Porque si sigue creciendo exponencialmente, el problema y el reto serán mayor hasta la imaginación.

El 19 de marzo, el secretario general de la ONU, António Guterres, hizo un llamado urgente a todo el mundo para frenar el coronavirus.

Y lo hizo con una claridad atronadora: Si se permite su propagación, especialmente en las regiones más vulnerables, morirán "millones de personas".

Y reclamó a todos los gobiernos medidas coordinadas a escala global para responder a la emergencia sanitaria actual como a la crisis económica que se avecina.

Si la epidemia avanza más allá de todo control, es de esperar una cuarentena, donde casi todos en sus casas se refugien como en cuevas.

Además del costo en vidas, también lo habría en economía, que costaría más vida.

Según el FMI, en 2020 se prevé como mínimo “una recesión tan aguda como durante la crisis financiera mundial o peor”, de lo que se empezaría a recuperarse en 2021.

Mientras tantos, muchos países de mercados se ven muy afectados por la salida de capitales, desde donde los inversionistas internacionales han retirados 83,000 millones de dólares.

Para prevenirlo, el Fondo Monetario Internacional recomienda medidas fiscales extraordinarias para dar apoyo a los sistemas sanitarios y a los trabajadores y empresas afectados, en lo que incluye la decisión de los principales bancos centrales de flexibilizar la política monetaria.



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