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lunes, 18 de mayo de 2020

Qué motivos psicológicos puede haber tras la negación a llevar mascarillas #favoryto

Desde el inicio de la pandemia provocada por el coronavirus ha sido uno de los temas más polémicos y recurrentes en los medios de comunicación y las conversaciones en general: ¿mascarillas sí o mascarillas no? El propio Fernando Simón, director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, se manifestaba al respecto una vez más el pasado martes 12 de mayo: “El uso de mascarillas no lo puede hacer todo el mundo de la misma manera, hay colectivos donde el uso no es fácil”, decía en referencia a personas que, por ejemplo, sufren de ansiedad, enfermedades que supongan una restricción respiratoria o los niños. Su uso, insistía en cualquier caso, sigue siendo “de muy alta recomendación” pero no obligatorio, excepto en el transporte público.

Al otro lado del océano, en Estados Unidos - donde la enfermedad ya ha provocado más de 80.000 muertes y 1,3 millones de contagios- el uso de las mascarillas tampoco es obligatorio en gran parte del país y se suceden las protestas contra su uso así como contra el confinamiento en numerosas ciudades al grito de la ‘La libertad es esencial’ o ‘La humanidad no es un virus’. El propio presidente, Donald Trump, tampoco predica con el ejemplo. A pesar de que la Casa Blanca ha exigido llevar mascarilla a sus empleados, él nunca ha aparecido en público con una - muchos expertos políticos coinciden en que llevarla representaría para él un síntoma de debilidad- y ha asegurado, además, que no ve la necesidad de ponérsela ya que le hacen el test de la Covid-19 prácticamente a diario.

A pesar de la recomendación de ponérsela - sobre todo en entornos cerrados como supermercados u otro tipo de establecimientos o cuando sea imposible mantener la distancia se seguridad de dos metros- y de que Sanidad estudia implantar su uso obligatorio en espacios públicos, ¿qué motivos pueden llevar a una persona a tomar la decisión de no ponérsela a pesar de que su salud podría verse afectada?

Una de las causas principales estaría en la percepción del riesgo que de forma individual puede tener cada individuo. “Cuando la percepción de riesgo y el miedo son mucho más altos es más fácil que se sigan las instrucciones del Gobierno al pie de la letra. Cuando la percepción de riesgo es mucho más baja, es normal que aunque sepas que eso es lo que deberías hacer realmente no lo sientas. Y cuando hay una desconexión entre lo que sabes y lo que sientes normalmente acabas haciendo lo segundo: despreocuparte y dejar las medidas a un lado”, señala la psicóloga y psicoterapeuta Ángela de la Fuente.

Cuando la autoridades insisten en que ponerse una mascarilla no es solo un acto de protección para con uno mismo sino un gesto de solidaridad y empatía hacia los demás ciudadanos, ¿quién conscientemente decide no usarla al salir a la calle es una persona egoísta? “No es que quieran poner en riesgo a los demás sino que no sienten que haya que tener ese miedo a la enfermedad. Son personas que no creen que sea tan seria ni tan grave porque al principio no se nos presentó esta enfermedad como algo terrible y pueden haberse quedado en ese discurso” añade de la Fuente.

Para la terapeuta lo que sí puede convertirse en un factor determinante en esta decisión es la necesidad imperante de poder decidir sobre nosotros mismos y, especialmente, sobre nuestro cuerpo. Una rebelión ante la pérdida de libertades aunque sea contra medidas tomadas principalmente para protegernos. "Las personas tenemos una necesidad muy fuerte de poder decidir sobre nosotros mismos. Puede que en algunos casos se manifieste una rebeldía como muy adolescente o irracional pero tenemos esa necesidad de libertad. Si una persona percibe que esto es una amenaza que le impide decidir sobre sí misma puede tener esta reacción".

También puede resultar interesante ponerse en el lugar de quien lo utiliza, paradójicamente, como un mecanismo de defensa ante una situación que le sobrepasa: “Nuestro cerebro está preparado para dejar entrar la información que somos capaces de soportar y para frenar la que no. Por eso, muchas personas tendrán la necesidad de negar o minimizar la realidad de que estamos en riesgo y que este virus puede ser peligroso para lograr sobrevivir. Porque si no lo hacen puede haber consecuencias graves para ellos en cuestión de salud mental”, señala la experta. “Muchas veces, incluso, conviene no derribar este mecanismo de defensa porque quizás detrás solo hay una persona muy vulnerable a la que si se le cae ese argumento puede tener problemas emocionales serios”.

¿Cabría pues esperar que puedan y deban cambiar de opinión? "A veces nos cuesta mucho entender que personas que tenemos al lado y queremos tomen decisiones que nosotros consideramos perjudiciales para ellas. Sin embargo, les va a dar mucha libertad el poder decidir sobre pequeñas cosas en medio de esta cuarentena de tantas normas y les va a preservar la salud mental. En realidad el mejor mensaje que les podemos dar es: 'en la medida en la que tú no expongas a los demás, hazlo, respeto tu decisión pero no puedes poner en riesgo a los demás porque eso ya no tiene que ver con tu libertad sino con la libertad de los que tienes enfrente'".



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